Ánforas Lusitanas procedentes del Museo Nacional de Arqueología de Lisboa. Exposición Luistania Romana (2015). Archivo MNAR.

Economía Lusitana

Ánforas Lusitanas procedentes del Museo Nacional de Arqueología de Lisboa. Exposición Luistania Romana (2015). Archivo MNAR.
Ánforas Lusitanas procedentes del Museo Nacional de Arqueología de Lisboa. Exposición Luistania Romana (2015). Archivo MNAR.
Ejemplares de vidrio romano procedentes de la colonia Augusta Emerita. Archivo MNAR.
Ejemplares de vidrio romano procedentes de la colonia Augusta Emerita. Archivo MNAR.
Ejemplares de Terra Sigilata procedentes de la colonia Augusta Emerita. Archivo MNAR.
Ejemplares de Terra Sigilata procedentes de la colonia Augusta Emerita. Archivo MNAR.

ECONOMÍA LUSITANA

La explotación de los recursos endógenos constituye la base de la economía de Lusitania. En un primer nivel, la explotación diversificada de productos agropecuarios y marinos garantizaba la autosufi­ciencia alimentaria de la provincia y sus habitantes. Generaba también excedentes que se exportaban a otras regiones del Imperio. Los metalla (canteras y minas) constituían una riqueza mayor, documentada por la literatura y confi­rmada por la arqueología: el mármol del anticlinal de Estremoz, abundantemente usado en la misma Lusitania, pero exportado también a otras provincias hispánicas; el oro del Tajo, aurifer Tagus, cantado por poetas y citado por diversos autores; el cobre de la franja piritosa meridional, con especial relieve para Vipasca (Aljustrel), entre otras exploraciones de menor entidad.

Habría también algunas exquisiteces del mundo rural, como las celebradas cerezas, las olivas de la región emeritense, la lana de Salacia (Alcácer-do-Sal) o los caballos lusitanos, cuya rapidez alabó Plinio el Viejo y que eran aún buscados y comprados para las carreras en Roma, en el siglo IV.

Muy importante ha sido también la explotación de los recursos marinos, utilizados para producir conservas y salsas de pescado. La riqueza piscícola del Atlántico aliada con las favorables condiciones climáticas que permitían la explotación conjunta del pescado y de la sal marina, obtenido a través de evaporación. En unidades de producción especializadas (cetariae) se fabricaban condimentos a base de pescado y sal, sobre todo, en los estuarios del Sado y Tajo y en las costas del Algarve. Estos apreciados alimentos, transportados en ánforas cerámicas, fueron ampliamente distribuidos por el interior de la provincia, tanto en las ciudades como en los establecimientos rurales, y exportados también para Roma y otras regiones del Imperio.

 

LA EXPLOTACIÓN DE RECURSOS

SALAZONES

En la Antigüedad, las conservas y condimentos de pescado fueron ampliamente apreciados y consumidos. En la literatura encontramos muchas referencias a artículos como el garum liquamen o halex, el primero, un condimento resultante de la maceración de pescados en sal, condimentado con hierbas y otros aromatizantes; el segundo, una pasta resultante de la fabricación del garum, o sea, un subproducto del mismo. Estos artículos se fabricaban en instalaciones propias, edifi­cios cerrados y cubiertos, organizados en torno a un patio interior, rodeado por grandes tanques revestidos por una argamasa de cal que los impermeabilizaba. El pescado y la sal se vertían al interior de estos tanques y se dejaban macerar durante algún tiempo; por ello, los edifi­cios estaban cubiertos, para evitar que las lluvias inopinadas estropeasen el producto. Tras la etapa de maceración, el componente líquido (el garum/liquamen) se retiraba y embalaba y, enseguida, lo mismo se hacía con la pasta restante (o halex). Uno y otro se envasaban en ánforas de barro y eran transportados a los diferentes lugares de consumo. De este modo, por la distribución de los edi­ficios, normalmente con hornos de cerámica en las proximidades, destinadas a fabricar las ánforas de transporte, conocemos la geografía de la producción y, por la identi­ficación de las ánforas en los lugares de consumo ­final, conocemos la geografía de la distribución.

 

ARTESANÍAS

En las grandes ciudades, como Augusta Emerita, había una importante artesanía destinada a suplir las necesidades corrientes. Sin tener normalmente una escala de exportación, estas actividades no dejaban de ser relevantes: cerámicas de construcción, vajilla común y fi­na, lucernas o vidrios se fabricaban en ofi­cinas urbanas o suburbanas garantizando que nada faltara en el día a día. Naturalmente, por su escala y especialización estos productos llegaban también a los poblados menores de su territorio y a las villas.

*Textos tomados de la exposición temporal Lusitania Romana. Origen de dos Pueblos, comisariada por J. M. Álvarez, Antonio Carvalho y C. Fabiao.