Cabeza del dios Endovélico. Archivo Museo Nacional de Arqueología de Lisboa.

La religión lusitana

Templo de Diana dedicado al culto Imperial. Mérida. Archivo MNAR.
Templo de Diana dedicado al culto Imperial. Mérida. Archivo MNAR.
Cabeza del dios Endovélico. Archivo Museo Nacional de Arqueología de Lisboa.
Cabeza del dios Endovélico. Archivo Museo Nacional de Arqueología de Lisboa.

En la provincia de Lusitania, como en el resto de las del Imperio Romano, se contemplaron diversos cultos que llegaban a satisfacer las necesidades de sus habitantes. Fue la religión oficial, la tradicional de Roma y el culto imperial, consentido desde el período augusteo y oficializado en el reinado siguiente, el que cobró mayor importancia por su sentido eminentemente político desde el comienzo del Principado. En diversas ciudades, en el Foro, las divinidades imperiales se mostraban a los ciudadanos desde su templo, o desde los altares o sacraria ubicados en los edi­ficios de espectáculo como si de un palco escénico se tratara.

Los romanos, siempre permisivos, permitieron la continuidad de las divinidades genuinas, del terruño y así el culto a los dioses lusitanos, Ataecina y Endovélico principalmente, contaron con diversos santuarios. De mucho predicamento gozaron igualmente las divinidades orientales, con sus prácticas religiosas fomentadas por la población llegada a estos lares desde del área del Mediterráneo Oriental.

Judíos y cristianos dejaron igualmente los testimonios de su presencia bien signi­ficativa, sobre todo en la etapa fi­nal, con referencias a la existencia de sinagogas en Emerita y en la misma capital con el ejemplo de la Mártir Eulalia.

*Textos tomados de la exposición temporal Lusitania Romana. Origen de dos Pueblos, comisariada por J. M. Álvarez, Antonio Carvalho y C. Fabiao.