Balsa-Luz de Tavira, Tavira

País Portugal
Comunidad autónoma Algarve
Provincia Faro
GPS: 37.0787601,-7.709085400000049


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Las ruinas del antiguo enclave romano de Balsa se localizan en el Parque Natural da Ria Formosa, en la freguesía de Luz de Tavira, entre la Torre d’Aires y Pedras d’el-Rei. Tras su declive y posterior abandono en el siglo VII se perdió su memoria hasta el año 1866, cuando se redescubrió la localización de una población que llegó a convertirse en una de las mayores de toda Lusitania: en sus 47 hectáreas llegaría a albergar a unos 12000-15000 habitantes. La ciudad, que recibiría con el tiempo el estatuto de municipio con derecho latino, se funda sobre una comunidad nativa prerromana (los balsenses), que recibirían su nombre de un asentamiento fenicio anterior. Dada su posición privilegiada y su cercanía con la costa bética, pasa pronto a la órbita romana e incluso acuña moneda propia en el siglo I a.C. Aunque una extensa zona del yacimiento ha sido sistemáticamente destruida por la agricultura y la construcción, se han recuperado restos de la existencia de un par de puertos, uno interior y otro exterior, en el que se han detectado un amplio número de puntos de atraque y que era protegido por un muelle con terminación circular. Se han localizado dos foros, así como, al menos, dos edificios termales, además de un sistema de canalización y distribución de agua que comprende una presa, acueductos y parte de la red de alcantarillado. También se conoce la existencia de extensas zonas de barrios residenciales, siguiendo en sus calles el típico un trazado ortogonal. Se han localizado, de igual forma, varias necrópolis extramuros, al norte y al este de la población, y unas estructuras que corresponderían, sin duda, a fábricas de salazones. Entre los edificios de espectáculos propios de una ciudad romana, parece seguro que Balsa contaría con un teatro y un circo, aunque la localización de éste último es causa de discrepancia entre los investigadores. Posiblemente existiría también un anfiteatro, aunque su presencia aún no se ha detectado arqueológicamente. La ciudad tuvo su época de apogeo en el siglo II d. C. gracias, sobre todo, al comercio regional de productos importados, a la riqueza en recursos mineros de la zona, y a la industria local de salazones. Son numerosos los restos arqueológicos que se han recuperado, de modo que llegan a formar una de las colecciones más grandes de las que se custodian en el Museu Nacional de Arqueología, lugar al que fueron a parar tras su aparición. Entre ellos podemos destacar epígrafes, esculturas, monedas, cerámica, lucernas, vidrios, objetos de ajuar…

Bibliografía

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